La soledad un camino de tristeza...

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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Les escribo a los solitarios, jóvenes y maduros, a los separados, divorciados o viudos. Y también a todos aquellos que viven en pareja, en familia, en la oficina, o rodeados de gente, porque éstos también pueden sentirse más solos que “los solos”, porque ésta es la más difícil de las soledades. ¿Alguna vez nos preguntamos sinceramente por qué le huimos a la soledad? ¿Cuántas veces nos sentimos solos y en vez de estar en SILENCIO y ATENTOS a nuestras voces o gritos internos elegimos no hacerlo? … prendemos la televisión, llamamos a un amigo, buscamos ”compañía”, seguimos trabajando en casa o arreglamos algún programa para mantenernos ocupados y distraídos. pero, ¿Qué es la Soledad? Soledad significa aislamiento o confinamiento, falta de contacto con otras personas.

 

 Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.

 

 Hay dos tipos de soledad: la personal (ausencia de una relación íntima con alguien) y la social (carencia de amistades).

Recientes investigaciones han llegado a la conclusión de que la soledad es una de las principales causas de infelicidad y aunque no constituye un trastorno en si misma va normalmente asociada a sentimientos de descontento, frustración y ansiedad que con cierta frecuencia desembocan en depresión. Existen algunas condiciones de vida que han propiciado el sentimiento de soledad: los cambios de domicilio que implican el corte de lazos familiares y de amigos, el tipo de relaciones que se establecen en la gran ciudad (formales, frías y poco íntimas), las escasas relaciones con la familia amplia (solo con la nuclear), el incremento de separaciones y divorcios, el incremento de valores individualistas, la búsqueda del éxito personal y la competitividad acentuada conllevan al aumento de la soledad. Es cierto que esta puede ser preferible a una mala compañía pero generalmente comporta tristeza y depresión, salvo que sea una soledad deseada esta puede convertirse en una fuente de inspiración positiva, como ha ocurrido en algunos escritores, artistas, poetas científicos.

 

 

Vencer la soledad no deseada:

 

  1. Diagnóstico: qué tipo de soledad es la que estamos sufriendo y a qué circunstancias se debe.
  2. Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me ve
  3. Fuera la timidez. Tomemos la iniciativa para conseguir nuevas relaciones. Establezcamos qué personas nos interesan, y elaboremos una estrategia para contactar con ellas.
  4. No hay nada que perder. El miedo al rechazo es un freno para entablar nuevas amistades o amores. El objetivo es importante, no nos andemos con remilgos.
  5. Sin victimismos. El mundo resulta en ocasiones cruel, vulgar y materialista, de acuerdo. Pero seguro que hay otras personas que pueden estar deseando conocer a alguien como nosotros.
  6. Encerrarnos en nosotros mismos es reconocer la derrota. A la mayorìa la soledad nos hace daño, y nos sienta mejor tener con quién hablar, intimar y a quién querer.
  7. No somos tan raros como a veces pensamos. No hay más que hablar en profundidad y confianza con cualquier persona para comprobarlo. Podemos "llenar" a más gente de la que creemos y nos pueden resultar atractivas muchas personas que tenemos muy cerca.

 

 

El circulo del solitario.

 

Cuando la soledad arraiga en nuestra personalidad puede convertirse en una cárcel psicológica que conlleva a un proceso que puede resumirse en cuatro etapas que forman una cadena cuyo final implica el reinicio del proceso:

  1. Creencias negativas hacia si mismo. A causa de sus fracasos pasados las personas solitarias se ven negativamente a si mismas y están convencidas de que fracasarán al tratar con los demás. Tienen poca autoestima, se rebajan a si mismos, se sienten incapaces de relacionarse. Creen que su timidez es invencible y no pueden luchar contra ella. Así el solitario crónico se deja arrastrar por pensamientos negativos de si mismo y de los demás. Esto tiende a funcionar por profecías auto-cumplidoras. Quien cree que va a fracasar acaba fracasando por su falta de confianza.
  2. Conducta con poca habilidad social. El solitario tiene poca habilidad social, le resulta difícil desplegar actividades sociales, participar en grupos, no sabe ser agradable, demostrar que disfruta de la compañía de los otros, tratarlos cordialmente ... Suele comportarse de forma menos agradable cuando está en publico, se siente inseguro de si mismo, ansioso, generalmente es poco inclinado a revelar su intimidad y cuando la descubre se comporta de forma inapropiada, demasiado íntimo con los de su mismo sexo y superficial con el sexo opuesto tendiendo a refugiarse en la ironía al tratar con los demás.
  3. Rechazo de los otros. La mala imagen del solitario, la forma de tratar a los demás no son una buena tarjeta de presentación. Con su forma de actuar ahuyenta a los que podrían haber llegado a ser amigos suyos y contribuye a que los demás no le miren bien.
  4. Retirada a la soledad. Solo el repliegue en su concha permite un mínimo de seguridad a la persona que se siente rechazada por los demás. La soledad tiende a consolidarse con el tiempo y estas personas están convencidas de que su situación no va a cambiar. La depresión e infelicidad que acompañan al aislamiento refuerzan las creencias negativas hacia si mismo y reinician el proceso circular en una situación que se realimenta a si misma.Es importante darse cuenta del proceso para poder iniciar el cambio e iniciar el proceso hacia la aceptación de uno mismo, de los demás y conseguir la felicidad.

 

La soledad no es tan mala compañera:

 

El sentido común sugiere que las relaciones humanas son la clave para el bienestar, por lo que la soledad sería, en consecuencia, señal de anormalidad. Pero, la soledad también tiene su lado positivo. Durante siglos, poetas, místicos y religiosos han reportado sus efectos creativos y enriquecedores. Los psicólogos han comenzado a detectar a personas sanas que en parte toman la soledad para usos beneficiosos.

Todas las personas, en algún momento, sienten la necesidad de darse un tiempo de soledad. Quienes presentan la soledad como un rasgo de personalidad la necesitan y la desean más que otros, en virtud de que este rasgo representa características de conducta relativamente permanentes. El estado de soledad se refiere a características transitorias. Las investigaciones relativas a la soledad como estado sugieren que la mayoría de las personas necesitan estar algún tiempo solas para satisfacer ciertas necesidades psicológicas, incluyendo el rejuvenecimiento. Esto puede ser resultado de los efectos acumulativos de la estimulación social recibida en días o semanas recientes. Las personas con pocas demandas y poca estimulación social requieren menos soledad, y de hecho, la evitan.

 

 

Querido hermano en el Señor: te invito a que si te sientes muy sólo, hay un amigo que espera por tí, es Jesús... Él quiere ser tu amigo, un confidente en tus penas, tristezas y en la travesia de tu vida. Lo único que te pide, es que quieras abrile tu corazón y el podrá entrar, para sanar tú soledad, en una oración profunda que solo los amigos del alma pueden tener, y lo mas importante es el más fiel de todos los amigo, te invito a que confíes en él... No te fallará.

 

 

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