Las Prisiones espirituales del hombre.

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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    Su perdición inició cuando compró el computador. Era pequeño, pero su tamaño lo compensaba la enorme capacidad de almacenamiento de información. “Una verdadera joya de la tecnología moderna”, explicó el vendedor de artículos de oficina. Sonreía con el orgullo de quien muestra un trofeo de caza, tras una jornada intensa en la selva.

Jorge se conectó a la Internet. Se sintió emocionado la primera vez que, sin ayuda de nadie, hizo el enlace inalámbrico. “Es sencillo”, murmuró para ingresar—seguidamente—en páginas con información académica. Luego se dirigió a un buscador y digitó cuatro letras que se convirtieron en una atadura física y espiritual para su existencia: sexo.

Pasaba noches enteras viendo páginas de pornografía. Cada vez buscaba algo más fuerte. Llegó a desarrollar “olfato” para identificar páginas, que si bien mostraban imágenes escandalosas, no le satisfacían. Llegaba a la universidad somnoliento y con una confusión mental indescriptible.Tres años después reconoció que ataba atado a los sitios de contenido pornográfico. “No lo puedo controlar”, le dijo a un amigo. Él lo comprendió; también estaba bajo la misma atadura.

Un pastor le enseñó qué hacer. Le instruyó sobre la necesidad de recibir a Cristo en su corazón y de apropiarse de la autoridad espiritual. “Debes renunciar a toda atadura y, cada vez que te sientas tentado a ir a la Internet para buscar contenido obsceno, orar a Dios pidiendo ayuda para vencer la tentación”, le recomendó.  Y logró vencer. No fue un proceso fácil, pero tomado de la mano de Jesucristo, fue libre de toda atadura a la pornografía, que abre las puertas al mundo de las tinieblas…

 

Las prisiones espirituales

 

   Hay dos formas como Satanás ata a las personas, llevándolas a prisiones espirituales. La primera es mediante la posesión demoníaca entre quienes no tienen a Cristo en su corazón y viven en pecado, y la segunda, a través de la influencia de los demonios, produciendo opresión. Él no puede poseer al cristiano –que es templo del Espíritu Santo (cf. Colosenses 3:16, 1 Corintios 6:19, 20), pero sí generarle tribulación.

Recuerde que Satanás sólo quiere “robar, matar y destruir” a la creación de Dios y a nosotros, que somos sus hijos (Cf. Juan 10:10)

 

    Un caso dramático de posesión satánica lo encontramos en Genesaret. El evangelista Marcos relata que “Entonces llegaron al otro lado del lago, a la región de los gírasenos. Cuando Jesús bajó de la barca, un hombre poseído por un espíritu maligno salió del cementerio a su encuentro. Este hombre vivía entre las cuevas de entierro y ya nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas. Siempre que lo ataban con cadenas y grilletes —lo cual le hacían a menudo—, él rompía las cadenas de sus muñecas y destrozaba los grilletes. No había nadie con suficiente fuerza para someterlo. Día y noche vagaba entre las cuevas donde enterraban a los muertos y por las colinas, aullando y cortándose con piedras afiladas. Cuando Jesús todavía estaba a cierta distancia, el hombre lo vio, corrió a su encuentro y se inclinó delante de él. Dando un alarido, gritó: «¿Por qué te entrometes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡En el nombre de Dios, te suplico que no me tortures!». Pues Jesús ya le había dicho al espíritu: «Sal de este hombre, espíritu maligno». “ (Marcos 5:1-10)

La situación de aquél hombre era lamentable. ¿Cuándo lo poseyeron los demonios? El texto no lo explica, pero sí encontramos reflejadas las consecuencias que se derivaron de esa dominación que ejercía Satanás sobre este hombre, a tal punto que vivía entre los sepulcros, mantenía desasosiego en su “prisión espiritual”, procurada causarse daño físico al cortarse con piedras afiladas y, además, no podía resistir la fuerza que lo dominaba.

La historia tiene un desenlace feliz. El endemoniado gadareno fue libre. Las cadenas se rompieron. Jesucristo lo hizo posible. Se abrieron las puertas a una nueva vida…

Igual puede pasar con usted querido hermano en Cristo. Tal vez participó en ocultismo y está bajo opresión satánica. El Señor Jesús lo hace libre. Basta que vuelva su mirada a Él y le reciba como el Señor y Salvador de su vida. ¡Su existencia será transformada! por el puro amor que él le tiene.

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