La autoridad sobre el mundo de las tinieblas

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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     No estudio teología y lo único que llegó a leer, fue un libro de meditaciones cristianas que le trajeron desde la capital el viejo hombre subio aun destartalado bus intermunicipal que parecía una Caja de Pandora porque siempre traía algo nuevo al pueblo que estaba muy retirado hacia la cordillera, más desconcertante que la vez anterior. “Este libro es para evangélicos”, anunció el vendedor de mercancía, y sin dudarlo, José Roberto lo compró. Buscó las pocas monedas que le quedaban en el bolsillo, regateó un poco y lo adquirió; se fue feliz.

Pero comenzó a ministrar liberación de endemoniados, fundamentado únicamente en lo que aprendió en su vieja Biblia. Subrayó pasajes aquí y allá y, cuando se encontró con alguien poseído por el demonio, le ordenó al espíritu de las tinieblas que saliera de él y lo dejara libre.  Pero comenzó a ministrar liberación de endemoniados, fundamentado únicamente en lo que aprendió en su vieja Biblia. Subrayó pasajes aquí y allá y, cuando se encontró con alguien poseído por el demonio, le ordenó al espíritu de las tinieblas que saliera de él y lo dejara libre. Muchas personas de zonas vecinas, que habían participado en actividades de ocultismo, vinieron a él. Pedían que orara. Hasta el pastor, que al principio se sorprendió de lo que ocurría, se encargó de promover el ministerio de José Roberto. “Dios está usando a este hombre con poder”, explicaba.  Dios se manifestó poderosamente en aquélla aldea. Hombres y mujeres eran libres por el poder de Jesucristo. ¿El responsable? Un hombre que a duras penas sabía leer y escribir, pero que tenía mucho de Dios en su vida.

 

Llamados a traer liberación a los hombre.

 

Querido hermano en el Señor. Usted y yo somos agentes transformadores donde quiera que nos desenvolvamos. Aun cuando no nos damos cuenta, somos instrumentos poderosos en manos de Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo. Él quiere hacer algo grande a través nuestro. Lo hizo con sus discípulos y también quiere hacerlo con usted y conmigo.

En cierta ocasión el Señor Jesús comisionó a sus discípulos a predicar las Buenas Nuevas de Salvación y liberar a los cautivos espirituales. “Cuando los setenta y dos discípulos regresaron, le informaron llenos de alegría: —¡Señor, hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre! —Sí —les dijo—. Vi a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren, les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo; pueden caminar entre serpientes y escorpiones y aplastarlos. Nada les hará daño.”(Lucas 10:17-18)

Mientras los seguidores del Maestro caminaban entusiasmados por Palestina compartiendo el Evangelio, desde el mundo satánico se libraban ataques contra ellos. Jesús lo describió como “un rayo”. Directo al punto, con el propósito de generar destrucción. A renglón seguido el Salvador les hizo notar que, si bien es cierto enfrentarían ese tipo de oposición—que les ponía en peligro--, no debían temer porque ellos—y nosotros hoy—tenemos autoridad sobre los demonios y, como lo anunció el Señor, “Nada les hará daño”.

 

      El avance de Satanás con sus tentáculos de maldad se debe más que nada, a que no ejercemos la autoridad en Cristo. Mientras nosotros nos debilitamos, al desestimar o no apropiarnos de esa autoridad, nuestro adversario espiritual se fortalece. ¿Qué hacer? Tomar conciencia de que Dios nos llamó a vencer sobre el mundo de maldad y que usted y yo somos vencedores. Él, nuestro amado Salvador, nos asegura la victoria. A propósito, ¿Ya recibió a Cristo como Señor y Salvador de su vida? Hoy es el día para que tome la decisión. Puedo asegurarle que su vida jamás será la misma. Y al usar el nombre de Jesucristo toda malda será vencida, por ser promesa del Maestro.

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