Saturday 14 may 6 14 /05 /May 21:31

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Desde el inicio de sus predicaciones, el mensaje de Jesús fue conocido en toda la región de Judea, de donde fluían multitud de personas para escuchar su palabra y conocer sus maravillosas curaciones espirituales. Para Jesús, no existen enfermedades, sino enfermos, cuyas señales físicas y síntomas reflejan disturbios profundos del ser.

 

Entre sus prodigios, se destaca la curación de un paralítico, que presentaba un mal típicamente físico, de causa espiritual, como está descrito: “Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.

 

Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él. Y no hallando por dónde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús; el cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.

 

Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron a pensar, diciendo: "¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que le Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fue a su casa, glorificando a Dios” (Lucas 5, 17-25).


En ese mensaje, vale destacar, inicialmente, la gráfica utilizada por San Lucas, en la expresión: “para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados”, la palabra Hijo está escrita con la inicial en mayúscula, para indicar que todavía Jesús había venido al planeta tierra como ser humano, su naturaleza espiritual se identifica con la del Padre, como está en San Juan: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10, 30), explicando porque Jesús tiene ese poder, en virtud de su elevada posición en la jerarquía espiritual del Planeta. Aparte de eso, en la curación del paralítico, vale la pena recordar que los escribas y fariseos desconocen que, entre las causas del desencadenamiento de los males físicos, están relacionados los factores morales, vinculados al alma, razón por la cual la curación espiritual está perfectamente indicada. Entre las curaciones de males físicos, se encuentran, igualmente, la de enfermedad infecciosa, como cuando curó a la suegra de San Pedro, atacada por la fiebre. “Y luego salieron de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella. Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servía”. (Mc 1, 29-31).

 

Jesús no solo curó innumerables enfermos, como también otorga a los seres humanos la responsabilidad de curar a sus semejantes, como está en el Evangelio de San Juan, cuando afirma: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. (Juan 14, 12.14).


Jesús enseñó que debería volver hacia el Padre y las enfermedades continuarían existiendo cuando él ya no estuviese físicamente entre los seres humanos y cuya misión de llevar hacia delante sus obras estaría a cargo de aquello que creen en él y que esas obras serían todavía mayores, probablemente por contar con un gran número de personas que reconocen que Jesús es el salvador del Mundo, el responsable espiritual del Planeta Tierra. Al regresar hacia la casa del Padre, Jesús no se lavó las manos dejando la misión de curar para los seres humanos, sino que él mismo continuaría entre los que piden en su nombre, “a fin de que todo cuanto en mi nombre pidierais al Padre, Él os lo concede”. (Juan, 15, 16).

 

Jesús dio énfasis a los que piden en su nombre, diciendo: “Y yo os digo a vosotros: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; golpead y se os abrirá; Porque cualquiera que pide recibe; y quien busca halla; y quien golpea se le abre”. (Lucas 11, 9-10). Muchas personas creen que la misión de curar está reservada a los escogidos, a los santos y místicos, visto que los mismos vienen distinguiéndose en los siglos. Raramente piensan que para las obras de solidaridad humana no hay escogidos especiales, aunque puedan existir peculiaridades relativas a la extensión de sus realizaciones porque Dios no hace distinciones entre sus hijos, como está en el Hecho de los Apóstoles cuando “Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10, 34).

 

Cuando “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora de oración, la de nona. Y un hombre que era cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, como vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna. Y Pedro, con Juan, fijando los ojos en él, dijo: Mira a nosotros. Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo. Y Pedro dijo: No tengo plata ni oro; más lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó. Y luego fueron afirmados sus pies y tobillos; y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y conocían que él era el que se sentaba a la limosna a la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que había acontecido” (Hechos 3, 1-10).

 

Aparte de las curaciones de personas atacadas de males físicos, se encuentran en el evangelio referencias a innumerables curas de males típicamente espirituales, causantes de angustia, ansiedad, depresión, malestar, identificados como obsesiones y posesiones.

“Y cuando fue la tarde, luego que el sol se puso, traían a él todos los que tenían mal, y endemoniados. Y toda la ciudad se juntó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir a los demonios que le conocían. Y levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le siguió Simón, y los que estaban con él. Y hallándole, le dicen: Todos te buscan. Y les dice: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios”. (Mc 1, 32-39).

Jesús nos da el ejemplo de la necesidad de una preparación, a través de la oración, para la realización de la curación espiritual, al retirarse a un lugar desierto para orar. En la curación de los disturbios espirituales, Jesús impone silencio a los obsesos, porque ellos saben quién es Jesús y se comportan con arrogancia, sin humildad. En verdad, esas entidades procuran perjudicar a los seres humanos y Jesús les constituye el principal obstáculo.

“Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece y sal de él. Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando a gran voz, salió de él”. (Mc 1, 23-26).

Jesús se manifestaba con sabiduría, autoridad y amor, expresando las enseñanzas de la nueva doctrina, basada en la Ley de Amor. Desde sus primeras predicaciones en Cafarnaúm, hablaba y actuaba con autoridad, jamás vista entre los hebreos, al punto de impresionar la asistencia como está en San Marcos cuando afirma:

“Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aún a los espíritus inmundos manda, y le obedecen? (Mc 1, 27).

 

La misma observación se encuentra en San Lucas, cuando afirma:

“Y hubo espanto en todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y potencia manda a los espíritus inmundos, y salen? (Lucas 4, 36).

Jesús evidenció que el tratamiento de las obsesiones constituye una de las actividades más importantes entre las curaciones espirituales. Se manifiesta igualmente, con autoridad y elevado poder, mientras se dirige a personas simples como a los doctores de la Ley, dejando traslucir el valor de la palabra cuando es utilizada al servicio de la curación espiritual o de las enseñanzas de la nueva Ley. Utiliza el poder de la palabra que corresponde a la emanación fluídica del alma, que tiene la capacidad de realizar la curación espiritual, de la persona a ser beneficiada, tanto para la curación de sus males, como para asumir una nueva orientación en la vida.

En la cura de María Magdalena, que quedó libre de una fuerte obsesión, se encuentra al mismo tiempo, uno de los casos más bellos de conversación íntima descrito en el Evangelio. Atacada de una fuerte perturbación espiritual, es movida por la angustia existencial, buscó espontáneamente la ayuda de Jesús y obtuvo la cura de sus males. El relato es descrito por San Lucas:

“Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios” (Lc 8, 2).

En la casa de Simón, el fariseo, Jesús dice de María Magdalena al mismo:

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; más al que se perdona poco, poco ama. Y a ella dijo: Los pecados te son perdonados. Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que también perdona pecados? Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz” (Lucas 7, 47-50).

Y libre de sus obsesos, María Magdalena buscó seguir los pasos de Jesús, ejemplificando sus enseñanzas. Fue distinguida por haber tenido el privilegio de ser la primera persona en encontrar al Cristo resucitado, lo que aconteció a la vera del sepulcro para donde fue al amanecer del día y lo encontró vacío, y estaba llorando y “le dijo Jesús: ¿Mujer, por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dicele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Dicele Jesús: No me toques: porque aún no he subido a mi Padre: más ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue María Magdalena dando la nueva a los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”. (Juan 20 15-18).

Como Médico de cuerpos y almas, Jesús nos da la oportunidad de realizar estudios oportunos, no tan solo para las curas maravillosas que realizó sino también por su actitud frente las enfermedades y la conexión que hace entre la cura y la salvación, la cura y el perdón de los pecados, la cura y la fe, la cura y la oración, la cura y el deseo de recobrar la salud, la curación y la voluntad de curar, la cura a través de la palabra.

Jesús no solo curaba sino que continúa realizando curaciones maravillosas, en diferentes partes del mundo, a través de los discípulos que en él creen, que confían en su palabra y que proponen realizar la ayuda a los semejantes. Jesús cura por amor, por misericordia, por su bondad infinita. En ningún lugar del Evangelio está escrito que Jesús rehusó curar a alguien, sino que curó a todos los que le buscaban pidiendo que les curase. Jesús nos da a entender que, en el plano de Dios, los seres humanos deben ser sabios, fuertes y felices, por cuanto el mal, bajo cualquier forma, no puede tener raíces profundas en la superficie de la Tierra.

El sufrimiento representa casi siempre, una pausa para la meditación, para la reflexión, una oportunidad para reconciliarnos con las personas que nos rodean y con las cuales estamos vinculados.

 

Caracteristicas de la sanacion espirutual y fisica:

 

No te olvides que lo que cura es la fe y los iniciados sinceros no consienten estas cosas sino aspiran incesantemente a alcanzar la perfección espiritual, la meta más elevada de la vida sobre la tierra.

  1. Que ningunos de los integrantes este en pecado. (Hechos 19:13-16). Los espíritus inmundos perciben a nivel espiritual y saben cuando una persona se encuentra en pecado o no. Y más allá de que esto sea verdad o no, casi siempre los espíritus inmundos van a tratar de acusar a alguno de los integrantes que esta en pecado, que tiene temor o que no va a poder. Más allá de la verdad, es importante que delante de Dios, el equipo se encuentre en santidad, dependencia de Dios y humildad.
  2. Debe haber unidad de criterio y sujeción al líder del grupo. (1. Cor.12:12-13).  Hemos visto y también fue nuestra experiencia al comenzar a ministrar, que todos juntos gritábamos pensando que así teníamos mayor autoridad. Es importante que el equipo de ministración se encuentre en total santidad, dependencia de Dios, humildad y unidad de parecer. El equipo debe guardar un orden. Fue nuestra experiencia, que en los primeros casos de manifestaciones, el equipo comenzaba a reprender todos juntos pensando que si todos gritábamos y cuanto más fuerte lo hiciésemos y cuanto más fuésemos gritando, mas autoridad espiritual tendríamos. La autoridad espiritual no pasa por el grito o la voz sino que pasa por la delegación de la autoridad del Cristo resucitado a cada hijo suyo. Por eso es importante que el equipo guarde total unidad. Si Dios da discernimiento del nombre o de la actividad del demonio que se deba reprender durante la ministracion, si hay que callar, leer un texto o no; si esto es revelado a alguno de los integrantes del ministerio, debe ser dicho con mucho cuidado a quien esta guiando la ministracion. Debe hacerse esto en orden y con calma.
  3. El equipo debe ser de total reserva absoluto. (San Mateo 6:1-3). Uno de los errores que se puede cometer con los que integran los equipos de sanidad es contar los pecados o las puertas abiertas de quienes han manifestado y transformado así el ministerio en una maldición más que en bendición.
  4. Saber que siempre estamos aprendiendo.(Filipenses 3:13-15). Algunas anécdotas graciosas también suceden en el momento en que estamos ministrando. Una anécdota graciosa fue cuando un hermano del equipo de liberación, al ministrar a una hermana, le preguntaba a la persona diciéndole: espíritu inmundo dime tu nombre. La persona le respondía: soy yo. El insistía: espíritu inmundo dime tu nombre. Ella respondía: soy yo. Y sin lugar a dudas era la persona que le estaba diciendo su nombre.
  5. Unidos en el Espíritu y en comunión los unos con los otros. (Hechos 4:32). El equipo de ministracion debe estar compuesto de hombres y mujeres, de 2 a 3 personas cada equipo. El equipo debe trabajar espiritualmente en unidad, tener confianza los unos para con los otros, y por sobre todas las cosas que el Espíritu Santo de Dios de discernimiento a cada uno de los que lo integran. No hay nada peor que un equipo desunido. Todos deben guardar total comunión con la iglesia a la cual pertenecen y con total sujeción a la autoridad pastoral.
  6. Trabajar en equipo mixto. (San Lucas 10:1). Es aconsejable que nunca una persona ministre sola. Esto hemos observado en varios casos en que cuando la persona se manifiesta hay espíritus de violencia que inmediatamente actúan con gran poder sobre la vida de la persona e intenta matarla o dañarla. Obviamente que como creyentes tenemos autoridad espiritual para sujetar todo espíritu, principado y potestad. Esta autoridad, como ya hemos dicho, ha sido dada por el Señor de señores, Aquel que ha vencido y despojado en la cruz a todo demonio del diablo. Sin embargo, por cuestiones prácticas recomendamos que sean siempre más de dos personas las que estén ministrando. Una va a ser la que reprenda y solo una la que toma autoridad en el nombre de Cristo. Las otras dos, tres o cuatro o cinco personas que se encuentren van a estar intercediendo. Algunas por la persona que esta siendo ministrada y otras por quien esta guiando la ministracion. Es importante que en el equipo exista unidad de fe. Es muy frecuente y lo hemos visto que si una de las personas del equipo se encuentra en pecado, el espíritu inmundo inmediatamente lo señale. Es importante explicarles con claridad a los hermanos que no han tenido experiencia, todo lo que sucede y lo que no sucede en un equipo de liberación.

 

Por Hermano Jorge Jimenez A - Publicado en: predica
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Hermano Jorge Jimenez Arias

  • Predicador y conferencista cristiano
  • Consejería Espiritual

Textos Biblicos

"La Palabra de Dios es viva y eficas, y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espiritu, las coyunturas y los tuetanos, y discierne los pensamientos y  las intenciones del corazon"

(Hechos 4:12)

 

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan".

(Hebreo 11:6)

 

"Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra"

(2da Timoteo 3: 16-17)

 

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