Parábola del buen samaritano.

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

Abre-Tu-Corazon-El-buen-Samaritano-e11358101.jpg

 

     Querido hermano en el Señor, todos conocemos esta parábola del buen samaritano; pero te invito que la reflexionemos ahora. "Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido a misericordia; Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones? Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo" (Luc. 10:30-37).

 

        Muchas veces por temor de ofrecer ayuda a una persona extranjera, el sacerdote judío y el levita ignoraron a su compatriota que se encontraba en una situación muy penosa. El samaritano sin pensar dos veces si la persona que se encontraba delante de él extendida sobre el suelo era o no uno de los suyos, le prestó ayuda, y con este acto humano, le salvó la vida. La bondad del buen samaritano se manifestó también en que no solo él le salvó la vida, sino, se preocupó de esta víctima asumiendo también los gastos y las preocupaciones relacionadas con su gastos. Hace algun tiempo atrás, el Señor me permitió pasar por una situación parecida. Eso me llevo a meditar en el tema y a preguntarme ¿Qué es el amor al prójimo? ¿Quién es mi prójimo? Después de pensarlo por un tiempo, Dios me ayudo a concluir lo siguiente: “Amar al prójimo es hacer propio el dolor o la alegría ajena”. Indagando en esta respuesta, nuevamente Dios, través de una sierva suya, me dijo que esto únicamente es posible si tenemos a Dios en nuestro corazón. Solo aquellas personas que llevan dentro de su corazón a Dios, y por ende su amor, serán capaces de amar a su prójimo, podrán entender y obrar como hombre de Samaria, como el buen samaritano.

 

      En el ejemplo del buen samaritano, el Señor nos enseña a no limitarnos únicamente en desear el bien o expresar simpatía a nuestros prójimos, sino, a quererlos "con los hechos." No es aquella persona la que quiere al prójimo estando sentado en su casa y planeando en tener una organización altruista, sino, aquella que no mezquina su tiempo, fuerza, dinero y ayuda a la gente con los hechos. Para ayudar al prójimo no es necesario en componer todo un programa de ayuda humanitaria, por lo general estos planes no siempre se realizan. La vida en sí nos ofrece la posibilidad de manifestar nuestro amor hacia la gente, por ejemplo: visitar a un enfermo, consolar a una persona apenada, ayudar a un enfermo a ver a su doctor, formalizar para alguien un documento, hacer una donación para los pobres, tomar parte en las actividades de la iglesia o actividades filantrópicas, dar un buen consejo, prevenir una discordia, etc. Muchas de estas actividades parecen ser a veces insignificantes, pero en el trayecto de la vida estas buenas y pequeñas acciones se acumulan formando un depósito espiritual enorme. Las acciones buenas se pueden igualar a un depósito bancario donde diariamente depositamos pequeñas sumas de dinero en una cuenta de ahorro. En el cielo, como dijo el Salvador, estas buenas acciones formarán todo un tesoro, el cual la polilla no destruirá, y donde los ladrones no cavan ni roban. El Salvador por Su sabiduría permite que la gente viva en diferentes condiciones materiales: algunos en gran abundancia, otros en escasez y hasta hambre. En la mayoría de los casos la gente gana su bienestar por medio de grandes sacrificios, insistencia y talento. Sin embargo, no se puede negar que muchas veces el estado social y material de la gente depende también por razones exteriores, favorables o desfavorables, que no dependen de su voluntad. Una persona muy capaz y laboriosa puede estar viviendo en condiciones muy pobres, al mismo tiempo que un holgazán puede estar disfrutando de la vida, nada más porque el destino le sonríó. Estas condiciones parecen ser injustas si las observamos únicamente del punto de vista de una existencia terrenal. Pero si, llegáremos a otra conclusión, si miraremos esto del punto de vista de la vida eterna que espera al justo en el cielo. Por esto querido hermano en el Señor, no apagues la llama de la caridad, si esta en ti, azla cultivar todos los días con buenas obras, pensando, que por cada acto de caridad que realices estas comprando un pedazo de cielo en las moradas eternas, y gozar con el Señor de nuestras vidas. No te quedes en palabras, y que tu testimonio, opaque tus palabras. Que el Señor te bendiga hermano querido.

 

 

Etiquetado en parábolas cristianas

Comentar este post

Lucy 12/27/2014 23:52

Muy bonita reflexión , muchas gracias me va hacer de mucha utilidad