No se puede ayudar, a quién no quiere ser ayudado...

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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   El hombre regreso contento a su trabajo e incluso mando enmarcar los resultados para colgarlos en su oficina, había sido premiado. Un tiempo despues fuen al médico y se dijo a simismo. Estoy sano, mi piel está sana, y así vivió por un buen tiempo, hasta que el salpullido le salió en el rostro.  él pregonaba ante todos el tener buena salud, no había un solo espacio para cualquiera que osase levantar su voz para comentar sobre algún pequeño detalle en su persona, lo mismo un cambio en su voz, un repentino estornudo, como la primera cana, todo era atacado y minimizado al instante con frases que hacían referencia a los más variados conceptos de medicina milenaria.

Pasó el tiempo y el hombre seguro de si mismo, encontró en ocasiones que su salud parecía traicionarle, un leve salpullido comenzó a invadir su pecho, después su espalda, sin embargo, las playeras a manga larga y el abrigo cuello alto, funcionaron para cubrir, incluso ante sus ojos, lo que pasaba en su cuerpo.El tiempo siguió su marcha, el hombre se sintió débil, rechazaba aún con más fuerza los comentarios de todos los que le hacían evidente su padecer; Hasta que un día, ante la gran cantidad de comentarios acerca de la salud de su piel, decidió someterse a un estudio diciendo, “iré nuevamente al médico y así les comprobaré a todos que estoy completamente sano”

El hombre Acudió al médico, quien rápidamente le ordenó unos estudios, dijo, todo parece indicar que usted padece una seria infección cutánea, si es así, deberá aplicarse algunos ungüentos, guardar un largo reposo ausentado del sol y del calor excesivo.

El hombre sin querer reconocer su enfermedad, tomó la orden médica para los estudios y procedió al laboratorio, una vez ahí, le pidieron descubriera su cuerpo, pues tomarían una muestra ó raspado del salpullido, mismo que para entonces se extendía hasta sus piernas, dejando solamente sus brazos con apariencia sana.

Antes de proceder a descubrirse, el hombre le dijo a la persona encargada, “Mire, tome usted la muestra de aquí, de mi brazo, así le será más sencillo”, Así se tomó la muestra, de donde no había infección.

Después de dos días, los resultados se entregaron y salieron favorables, en efecto, el hombre y su piel, se encontraban “perfectamente sanos” Querido hermano, que inútil es tratar de ayudar a alguien, que para empezar no acepta que está teniendo un problema o esta enfermo del alma o del cuerpo.

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