La oveja extraviada.

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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      Queridisimos hermanos el el Señor; en esta parábola del Buen Pastor el Señor nos entrega un nuevo mensaje para nuestra vida: Leamos las Propias palabras del Señor: "¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a la que se perdió, hasta que la halle? Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso; Y viniendo a casa, junta a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido. Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento" (Luc. 15:1-7). 


     Esta parábola claramente ilustra el cambio hacia el bien y la salvación de la gente tan largamente esperada, cuando el Buen Pastor, Unigénito Hijo de Dios, viene al mundo, para encontrar y salvar Su oveja extraviada - o sea, a la humanidad inundada en los pecados personas y sociales que su pueblo comete. La parábola sobre la oveja extraviada, así como las otras dos siguientes parábolas, fueron pronunciadas en respuesta a las protestas de los judíos escribas llenos de maldad e intolerancia de los que no eran como ellos, que acusaban a Cristo por Su compasión hacia los pecadores muy conocidos. Y Se llegaban a él todos los publicanos y pecadores a oírle. Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.   Ahora bien, las que este pastor reconoce como ovejas suyas «nadie puede arrancarlas de sus manos» (Jn 10,28). Porque nadie puede forzar al verdadero poder, engañar a la sabiduría, destruir la caridad. Por eso habla con toda seguridad diciendo...: «Padre, de los que me has dado no se ha perdido ninguno» (Jn 18,9)... El Señor jesus fue enviado como verdad para los engañados, como camino para los extraviados, como vida para los que estaban muertos, como sabiduría para los insensatos, como remedio para los enfermos, como rescate para los cautivos, como alimento para los que morían de hambre. Siendo para todos ellos, se puede decir que fue enviado «a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 15,24) para que no se pierdan nunca jamás. Fue enviado como un alma a un cuerpo inerte para que, a su llegada, los miembros se calentaran de nuevo y vivieran una vida nueva, sobrenatural y divina: es la primera resurrección (Ap 20,5). Por eso él mismo puede declarar: «Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán» (Jn 5,25). Y puede, pues, decir a sus ovejas: «Escucharán mi voz y me seguirán» (Jn 10, 4-5).

 

     Los orgullosos y engreídos escribas judíos esperaban que el Mesías vendría para establecer un reino glorioso y poderoso y ellos asumirían con él el poder. Ellos no comprendían que el Mesías antes que nada es el Pastor Celestial y no un gobernador terrenal. Él vino al mundo para salvar y devolver el Reino de Dios para todos aquellos que se consideraban perdidos. En esta parábola podemos notar que el pastor no castigó a la oveja y no la corrió a su rebaño debido a su culpabilidad, sino, compasivamente la tomó sobre sus hombros y la trajo a su lugar. Este ejemplo simboliza la salvación de la humanidad por medio de los sufrimientos y muerte de Jesucristo en la cruz, tomando y purificando nuestros pecados. Desde ese momento la fuerza redentora, por medio de Sus sufrimientos, otorgó la posibilidad de renovarnos moralmente, devolviéndonos la virtud y la bienaventurada comunión con Dios que habíamos perdido.

 

¡Oh, pobre, pequeña alma cristianas! Dime: Si te perdono, ¿me amarás todavía? Dime: Si tiendo a ti mis brazos, ¿vendrás? Dime: ¿Tienes sed del amor bueno y eterno...? Pues entonces ven y renace. Vuelve a los pastos santos que te quiero entregar. Llora. Tu llanto con el mío lavarán las huellas de tu pecado. Yo, para nutrirte -porque estás consumida por el mal que te ha abrasado-, me abro el pecho, me abro las venas, y te digo: "¡Nútrete! ¡Y vive!" Ven, te tomaré en mis brazos. he Iremos más veloces a los pastos santos y seguros. Olvidarás todo lo sucedido en esta hora desesperada y de angustia; donde el dolor y la tristeza te mostro solamente llanto. Tus noventa y nueve hermanas, las buenas, se regocijarán al verte regresar nuevamente a los pastos de la palabra. Sí, porque te digo oveja mía que he venido a buscar desde muy lejos y he encontrado y rescatado que hacen más fiesta los buenos por uno que, habiéndose extraviado, regresa, que no por noventa y nueve justos que jamás se han alejado del redil. ¿Qué hace entretanto el pastor bueno? Deja encerradas en lugar seguro a las noventa y nueve fieles y se pone en camino a buscar al incorconverso, al lujurioso; al alcoholico, al contenciosos; al drogadicto; al que perdio la fe y el camino. El Buen Pastor no se detiene hasta que no encuentra huellas de la oveja perdida. Dado que ella no vuelve a él, a pesar de que confía al viento sus voces de reclamo, Señor salvamen, ven a mí; encuentramo estoy perdido, él va a ella con amor de Pastor. La ve desde lejos, ebria, atrapada entre las roscas de los reptiles, tan ebria que no siente siquiera la nostalgia del rostro que la ama, porque se ha olvidado en sus pecados; antes bien, la injuria y le reclama. De nuevo la ve, culpable de haber entrado como ladrona en morada ajena, tan culpable que no se atreve ya a mirarle... Y, a pesar de todo, el pastor no se cansa... y continúa... la busca, la busca, la sigue, la acosa. Llorando ante las señales que va dejando la oveja perdida (mechones de lana, pedazos de alma; huellas de sangre, delitos diversos; porquerías, pruebas de su lujuria), sigue y la alcanza. La alcanza porque l quiere y la ama; Si, hermano querido en el Señor, Cristo es el buen pastor, el dió su vida por sus ovejas por ti y por mi. no nos queda más, que dejarnos encontrar. Y sentir el amor del buen pastor que nos lleva a buenos pastos a pastar.

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