Jesús sana a la mujer que toca su manto y sana de su enfermedad.

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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    Hermanos queridos reflexionesmos sobre esta enseñanza, en la cuan jesus realiza un nuevo milagro:

Había entre la gente una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias.

Había sufrido mucho a manos de varios médicos, y se había gastado todo lo que tenía sin que le hubiera servido de nada, pues en vez de mejorar, iba de mal en peor.

Cuando oyó hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.

Pensaba: "Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana."

Al instante cesó su hemorragia, y se dio cuenta de que su cuerpo había quedado libre de esa aflicción.

Al momento también Jesús se dio cuenta de que de él había salido poder, así que se volvió hacia la gente y preguntó: --¿Quién me ha tocado la ropa?

Ves que te apretuja la gente --le contestaron sus discípulos--, y aun así preguntas: '¿Quién me ha tocado?'

Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había hecho.

La mujer, sabiendo lo que le había sucedido, se acercó temblando de miedo y, arrojándose a sus pies, le confesó toda la verdad.

¡Hija, tu fe te ha sanado! --le dijo Jesús--. Vete en paz y queda sana de tu aflicción.

(Marcos 5:24:3)

 

     Hermanos en Cristo. No sabemos cómo se llamaba estaba mujer, ni si era joven o adulta; el Evangelio sólo nos dice que estaba enferma desde hacía doce años. ¡Doce años! de mucho dolor para su vida, La mujer llevaba enferma varios años. Esta mujer "había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor " (Mc 5,26). De médico en médico y ninguno le daba solución para a sus problemas. Nuevos tratamientos y medicamentos y ninguno sanaba su situación, al contrario, iba a peor. En una situación así, acabas aburrido, harto, te sientes impotente y pierdes la esperanza de que algún día tu enfermedad pueda ser sanada. Aquella mujer ya nada podía hacer. Pero había oído habar de Jesús. Sabía que Jesús amaba a las personas, sabía que tenía poder para curar. Jesús estaba en su ciudad, no podía perder esta oportunidad, así que salió a su encuentro. Ella dá el primer paso; busca a Jesús para ser sanada.

 

    ¿Te has sentido alguna vez como esta mujer; impotente, débil ante las situaciones, ¿Te has rendido o has seguido intentándolo? Por ejemplo: si no se te da bien leer o hacer los ejercicios de cálculo o tienes una alergia o un problema de huesos  sigue buscando, no te rindas ante las dificultades. Nuestra protagonista no se rindió.  La mujer salió a la calle y se encontró con una dificultad: Su primera dificultad,  una gran multitud de gente rodeaba a Jesús. (Marcos 5, 24) "Le seguía un gran gentío que le oprimía." ¿Habéis estado alguna vez entre una multitud de gente?. Sólo ves cabezas a tu alrededor, te falta el aire, no ves el camino, pierdes la orientación...

   Pero esta mujer siguió adelante entre la multitud y pensó: "Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, seré sanada" (Mc 5,28). 2da condición cree que Jesús puede sanarla.   No pedía hablar con Jesús y contarle su problema para que Él la sanara, tan sólo pedía tocar sus vestidos. Ella pensaba que con sólo tocar la túnica de Jesús quedaría sanada. 3ra condición, La fe de la mujer que cree que solo tocando su manto el de Jesús, ella sanara. ¿Qué pensáis?  ¿Es eso posible? Es posible, sí, porque la fe de esta mujer era muy grande. Así fue, la mujer tocó la túnica de Jesús, fue un toque de fe, un toque que pedía ayuda. "Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal" (Mc 5,29). ¡Sanó inmediatamente! Su fe recibió la respuesta: la sanación de su enfermedad.

 

       ¿Qué pasó después? "Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: `¿Quién me ha tocado?'» Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho." (Mc 5, 30-32). Jesús sabía que alguien especial le había tocado y que ese toque era una señal de fe. "Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»" (Mc 5,33-34). La mujer se postró, se arrodilló ante Jesús, ante Aquel que la acababa de sanar y dio testimonio delante de todos de su sanación. Y Jesús la miró con amor, con el amor de un padre por sus hijos y le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad." Hermano observa que enseñanza tan grande nos da esta mujer, se postro de rodilla, como deberia hacerlo todo hijo de Dios, hummillarse y pedirle perdon tus faltas que a diario cometemos; pero ella le mostro la fe que tenia en él, y sabía que tenia el poder para sanarla.

La mujer cambió al encontrarse con Jesús, su corazón se llenó de gozo y de paz, su fe en Jesucristo aumentó y seguro que contó a todos sus vecinos y amigos lo sucedido. Tú puedes ser como esta mujer. No importa cual sea tu problema o enfermedad, "para Dios todo es posible" (Mt 19,26). Busca la ayuda que necesites en los medios naturales (en médicos, en profesores, en personas que oren contigo... ), pero también busca la ayuda en Jesús. Ora, ten fe, demuestra tu confianza en Dios y llegará la solución o la sanación. Y luego, no lo guardes como un secreto, cuéntalo a los demás igual que esta mujer confesó que Jesús le había sanado. Otra lección que podemos aprender hoy es la "persistencia", la perseverancia, no rendirnos antes las cosas que nos cuestan trabajo, que no se nos dan bien, que suponen un esfuerzo... Ser constantes, pero por sobre todo creerle a Jesús que puede trasformar nuestras vidas.

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