El rico insensato.

Publicado en por Hermano Jorge Jimenez A

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    Queridisimos hermanos los invito nuevamente a reflexionar sobre una parábola de Jesús, para el beneficio de nuestra alma. Leamos meditando la palabra: "Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho; Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate. Y díjole Dios: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has previsto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios" (Luc. 12:16-21).


  Hermanos queridos el protagonista de la pequeña parábola del "rico insensato" es un terrateniente como aquellos que conoció Jesús en tierras de Galilea. Hombres poderosos que explotaban sin piedad a los campesinos, pensando sólo en aumentar su bienestar y riquezas. La gente los temía y envidiaba: sin duda eran los más afortunados. Para Jesús, son los más insensatos. Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se ve obligado a reflexionar: « ¿Qué haré?». Habla consigo mismo. En su horizonte no aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Sólo le preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha, mis graneros, mis bienes, mi vida...  Este rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Sólo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material: «Construiré graneros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come y date buena vida».


    De pronto, de manera inesperada, Jesús le hace intervenir al mismo Dios. Su grito interrumpe los sueños e ilusiones del rico: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?». Ésta es la sentencia de Dios: la vida de este rico es un fracaso y una insensatez. Agranda sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, sólo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida? La crisis económica que estamos sufriendo es una "crisis de ambición": los países ricos, los grandes bancos, los poderosos de la tierra... hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular bienestar sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto nuestra seguridad se ha venido abajo. Esta crisis no es una más. Es un "signo de los tiempos" que hemos de leer a la luz del evangelio. No es difícil escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias: "Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel". Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida: hemos de vivir de manera más austera; hemos de compartir más nuestro bienestar. por esto queridos hermanos descubrimos que la avaricia es uno de los siete pecados capitales. Con razón los hombres y mujeres religiosos quieren atarse voluntariamente a un estilo de vida austero, porque en esos tres temas es muy fácil que entre el "Yo", y puede suceder que después de un error práctico, la soberbia se empecina en no reconocerlo. La avaricia, dirá san Pablo es como una idolatría (1 Col 3,5), el dinero se puede convertir en una especie de dios para el hombre, por su necesidad en la vida. De hecho Jesús dijo que no se puede servir a Dios y a las riquezas. El dinero, y en general los bienes de la tierra, sirven para no estar preocupados por ellos. Quien pasa necesidad tiene que estar preocupado por conseguirlo, pero no el que ya lo tiene. Procurar amontonar riqueza es un error humano, porque posiblemente nunca se disfrute en la vida, y en la muerte hay que dejarla; pero sobre todo, porque poner la ilusión de la vida en eso constituye un pecado grave, al tener como fin lo que ha de ser un medio. El fin de nuestra vida es Dios, y hemos de atesorar bienes que se cotizan en el cielo: ser buenos manifestándolo en las obras buenas. Ayudar a los indigentes en sus necesidades, por ejemplo, es una obra buena que se ingresa en el cielo. Dios ve y valora cada acto de generosidad que hacemos, cada detalle que tenemos con los demás. Quizá debiéramos, en la presencia de Dios, plantearnos hoy algunas preguntas.

¿Dónde tengo el corazón?  en el dinero o en Dios ¿De qué hablo? de juntar bienes y tesoros o de dar a conocer la palabra para salver almas para cristo ¿Que tengo que comprarme? buenas tenidas para aparentar mi situación que es una farsa, o vivr humildemente pero estar tranquilo de deudas ¿Ayudar al templo en sus necesidades en proporción con mis posibilidades?   ¿Soy generoso con Dios con mi tiempo? en oracion y ayuno.  ¿Soy generoso con mis familiares? dandole mi tiempo y energia y alegrias.

 Sí hermanos en Cristo. Esta parábola fue pronunciada con la intención de prevenir a la gente de no acumular los bienes terrenales, "porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee," o sea, al hombre no se le agregará más años de vida por la simple razón de que él es rico. La muerte es temible especialmente para aquellos, los que nunca piensan en ella y no se preparan para recibirla: "Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma." Las palabras "rico en Dios," significan las riquezas espirituales.

 y dice el Señor: "Estad alerta y guardaos de toda avaricia, porque si alguien tiene abundancia de bienes, su vida no depende de aquello que posee... Insensato, esta misma noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios" (Lc 12, 15-21) hermanos queridos, el Señor de nuestra vida, nos ofrece una forma de ser ricos y llenos de poseciones celestiales, sin menospreciar los bienes terrenales, que son necesarios para la vida del hombre, el pecado esta en poner los bienes por sobre el Señor dador de los bienes.

 

 


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