Wednesday 22 june 3 22 /06 /Jun 15:43

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Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: !Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes.

Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 

Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?

Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

 

(Lucas 17:11-19)


    Queridos hermanos en Cristo Jesús. La enseñanza de los diez leprosos es otra de las historias milagrosas de fe. Los diez leprosos al creer en las palabras de Cristo fueron sanados. Ahora la historia en este contexto prueba que el utilizar nuestra fe verdaderamente nos ayuda a vivir una vida en plena confianza en Dios.  entre los diez leprosos habia un samaritano, sin embargo, probablemente la razón de esta marcada integración se debe a que ellos tiene algo en común: la lepra. Están marcados como un grupo minoritario que debe alejarse de la vida social. Es aquí donde un hombre samaritano es parte de una comunidad judía que sufre de lepra. Este hecho es sin precedente para la gente del primer siglo. Nunca se ha visto algo semejante. El samaritano viene a ser parte de una comunidad la cual no es querida y por ende es segregada a la peor posición social. 

     En ese contexto social cualquier persona sabía que los judíos y los samaritanos no se llevaban bien. La realidad era que los judíos despreciaban a los samaritanos porque eran racialmente impuros. Por esa razón, no podían ser verdaderos Israelitas. Vivir como samaritanos significaba, no solo la exclusión de la comunidad judía religiosa en vida, sino también la separación de los judíos en la vida después de la muerte. Los samaritanos estaban condenados a vivir una vida fuera de la comunidad judía en esta vida y en la venidera. El padre Abraham no los recibiría en su seno después de la muerte porque de acuerdo a la creencia judía de ese tiempo sólo los verdaderos israelitas entraban en el seno de Abraham debido a su impureza racial. Los valores religiosos judíos eran basados en su identidad nacional. Ser judío en ese contexto significaba acceder a más privilegios sociales y religiosos. Era sinónimo de estar bien con Dios. Los samaritanos no eran despreciados por razones económicas. La razón por su rechazo era más compleja. Involucraba algo de historia nacional. Ellos eran descendientes de los judíos que fueron llevados cautivos a Asiria en dos deportaciones masivas. Tiene que haber una razón muy importante por la cual Lucas menciona solo diez leprosos. Históricamente sólo diez tribus de Israel fueron llevadas cautivas a Asiria. Estas diez tribus componían el reino del norte de Israel. Fueron llevados como esclavos a trabajar posiblemente en los viñeros de las regiones de Asiria. Una vez establecidos en esa tierra adaptaron loas costumbres que eran indígenas a esa nueva tierra. Eso incluía también las prácticas religiosas de los asirios y la adoración a sus dioses. 

    Debido a que los israelitas participaban del estilo de vida de la nueva tierra, pronto se involucraron en matrimonios interraciales mezclándose con cónyuges no judíos. Una vez que se unieron en matrimonio con otras etnias, la perdida de identidad nacional fue evidente. Ya no tenían porque regresar a su tierra de origen, a Israel. De hecho, las diez tribus de Israel nunca más regresaron al lugar de donde fueron tomados cautivos. Desaparecieron en la historia y con eso vino el fin del reino del norte de Israel. Una vez mezclados con las otras naciones fue imposible reconstruir su verdadera procedencia étnica. En la actualidad es imposible saber que judío desciende de una de las diez tribus. No obstante, algunos de los descendientes de esa mezcla son los samaritanos, convirtiéndose en una raza mestiza entre los judíos. Su árbol genealógico probaría que perdieron su verdadera identidad judía. Se perdió en la historia debido a la esclavitud que fueron llevados. Eran considerados una raza mestiza completamente diferente a los judíos que vivían en Jerusalén y que supuestamente guardaron su identidad racial al no mezclarse en matrimonio con otras naciones. Esta era la razón por la cual los samaritanos eran despreciados por los judíos. Los judíos sobrevivientes eran descendientes de la tribu de Judá. Ésta era la tribu que formaba el reino del sur de Israel. Ellos fueron llevados también como esclavos a Babilonia donde permanecieron por 70 anos. Después de ese tiempo de esclavitud en Babilonia, la tribu de Judá regresó a Jerusalén. Estos son los judíos a los cuales se refiere Jesús en el Nuevo Testamento. El problema entre los samaritanos y judíos era racial. Por eso no se la llevaban bien. La historia de los diez leprosos aborda este conflicto racial ya que cuando menos en esa comunidad de leprosos compuesta por judíos y samaritanos hay reconciliación racial. Sólo toma una enfermedad para reevaluar los valores por los cuales vivimos y entender que cada persona en este mundo tiene valor. Son diez leprosos en total: un samaritano y nueve judíos. Esta información nos ayuda a concluir a que probablemente los samaritanos es la minoría racial.

Jesús va rumbo a Jerusalén; esta pasando en la línea fronteriza de Samaria y Galilea. Esta imagen de la frontera describe aun más la división racial. Galilea y Judea era la tierra de los judíos. Por otro lado, Samaria era la tierra de los samaritanos como el nombre lo implica. Jesús camina entre el medio de Samaria y Galilea. Él está en la parte norte de la frontera del lado de Samaria a unas millas de Jerusalén. El hecho de que la comunidad de leprosos se encuentre en medio de la frontera de Galilea y Samaria daba margen a que llegaran también los samaritanos. Por eso es que la comunidad también incluía a los samaritanos.

     

       Cuando Jesús entra a la villa mira a los diez leprosos a la distancia. Cuando ellos los vieron empezaron a gritar: “Maestro, ten misericordia de nosotros.” Cualquiera hubiera entendido que los leprosos no dijeron lo que tenían que decir. La ley de Moisés en Levíticos 13:45 les requería anunciarse cuando una persona se acercaba a ellos como señal de protección. En vez de pedir ayuda, ellos debían decir: “no limpios.” Una vez que la persona era declarada leprosa, era excluida de la comunidad y mandada a vivir fuera de la civilización para evitar una posible epidemia de lepra. Por eso se sacaban de la comunidad. Los sacerdotes levitas sólo seguían las recomendaciones del libro de Levíticos con respecto al trato del leproso. Jesús inmediatamente responde con aliento diciendo: “Vayan y muéstrense al sacerdote (doctor). El sacerdote se convertía en al agente de inclusión o exclusión para los leprosos. Era su trabajo diagnosticar la lepra y excluir a las personas de sus familias y de la vida social. Ellos cumplían las regulaciones prescritas por la Ley de Moisés (Números 5:2-3; Levíticos 13-14). Cualquiera se hubiera sorprendido de ver que Jesús se dirigía a una comunidad leprosa. Hay una mala tendencia entre nosotros de ignorar a las personas enfermas. Eso pasa en la historia de Lázaro y también está implicado en esta historia. Por alguna razón nos gusta minimizar las enfermedades o los problemas de la gente. Pero cuando algo pasa cerca de nosotros, cambiamos nuestra forma de ver a la gente necesitada. Cuando alguien a quien nosotros amamos se le diagnostica con una enfermedad seria, inmediatamente entendemos lo que es estar en esa situación. Oímos de accidentes de carros todos los días, pero no ponemos atención. Sólo ponemos atención cuando a nosotros ó a alguien cercano a nosotros es involucrado en un accidente de auto donde muere ó es críticamente herido. Eso cambia la forma en que vemos a las personas que sufren esa condición adversa. Una vez que Jesús les manda que hacer, los leprosos actúan en fe creyendo lo que él les dice. Inmediatamente se marchan a buscar al sacerdote para que los declare limpios para integrar nuevamente la comunidad y la vida social. Es así que pasa lo esperado. Se dan cuenta que están completamente limpios, pues la lepra ha desaparecido. Ejercitaron su fe y fueron sanados. Los leprosos son sanados en la acción. Se les dijo que hacer y actuaron en fe. El ser limpios otra vez significaba la restauración de todas las cosas. Tomarían su vida de regreso; mirarían y abrazarían a sus hijos otra vez. Regresarían nuevamente a la iglesia a alabar a Dios en comunidad. Ser limpio de lepra incluía muchas dimensiones de la vida social y religiosa. 

Jesús enfatiza que hay un héroe en la historia de los leprosos. Es un samaritano. Él es el único que regresa a dar gracias. Jesús hace al samaritano el héroe de la historia porque ve en él un modelo de fe que no encuentra en los nueve judíos que también son sanados. “Levántate y sigue tu camino. Tu fe te ha sanado,” le dice Jesús una vez que el leproso le agradece con un gesto de adoración. Las palabras de Jesús parecen desafiar deliberadamente la noción de que los privilegios sociales y religiosos sólo eran para los judíos que pertenecen a la economía de redención de Dios. Él quiere dejar claro que Dios también trabaja con el resto del mundo incluyendo a los samaritanos.

Jesús sólo manda a los leprosos al templo donde estaban los sacerdotes. Pero a cual templo se refería, al de Jerusalén ó al de Samaria? Había dos templos:

  1. uno en Jerusalén donde pertenecían los judíos
  2. otro en el Monte Gerizin, donde adoraban a Dios los samaritanos. 

    El samaritano aparentemente está confundido, pues no sabe a donde ir. Por eso es que mejor regresa a Jesús. Ya para esta hora él sabe que Jesús está haciendo un trabajando de reconciliación mediando la división socio-religiosa entre el judío y el samaritano. Debido a que no sabe a donde ir, prefiere regresar con Jesús para que haga la labor del sacerdote y lo declare limpio como manda la Ley de Moisés. Jesús le dice: “Levántate y sigue tu camino, tu fe te ha sanado.” El tener nuestra fe activa es fundamental para nuestro caminar cristiano. Caminamos por fe y no por vista. Cuando Jesús les dice: “Vayan y muéstrense al sacerdote,” les está pidiendo que ejerciten su fe. Él no les manda que sean sanados. 

      Sólo provee una oportunidad para que ellos ejerciten su fe. Si sólo creemos y actuamos, las cosas cambiarían para nosotros. La fe cristiana es acerca de creer a las palabras de Cristo para que tenga sentido nuestro servicio a Dios. No es acerca de jugar con nuestra fe; es acerca de tomar en serio el trabajo de practicar nuestra creencia en Dios. Para tocar lo divino necesitamos ejercitar nuestra fe. En el presente hay oportunidades presentadas por Dios para ejercitar nuestra fe. Todos los desafíos que están delante de nosotros son muchas razones por movilizar, activar y calentar la fe que Dios ya nos dio. Atrevámonos a creer a las palabras de Cristo. Muchos de nosotros estamos batallando económicamente; Dios quiere que creamos que Dios es nuestro proveedor. Seguramente encontraremos la ayuda que necesitamos si actuamos en fe. Fe es la seguridad de que Dios proveerá. Y debido a que la fe es activa, debemos de ver adonde Dios nos guía para obedecer su mandato. Creemos y actuamos con la idea que lo que queremos y necesitamos ya esta provisto ó hecho. Cuando Jesús nos dice: “Vayan y muéstrense al doctor (sacerdote),” nos dice que actuemos en fe como si ya las cosas hubieran sucedido. Los leprosos se fueron creyendo a las palabras de Cristo. Planearon ser sanos aunque todavía no habían visto nada. Lo esperaron por fe. Esto es fe activa; fe que se utiliza. Creemos y actuamos. No hay nada que perder cuando actuamos en fe porque ya lo hemos perdido todo en Dios. Ya nos hemos dado a Dios. Hay muchas razones en nuestra vida por la cual creer y ejercitar nuestra fe. Al final, encontraremos que la evidencia de que creemos en Dios es nuestra fe. Creamos a las palabras de Cristo y seamos sanados. 

 

       Queridos hermanos en Cristo Jesús. Los diez leprosos, diez hombres que están enfermos de lepra. nos dan una enseñanza de fe en el Señor, pero uno solo nos da una enseñanza de agradecimiento a Jesus por sanarlo de la lepra es una infección que no se puede curar. Con la lepra aparecen en la piel ampollas, manchas y úlceras (como agujeros) que hacen que puedas perder un dedo o una oreja. Los que sufrían la lepra tenían que abandonar a sus familias, tenían que dejar su casa y su trabajo. Además la ley les obligaba a permanecer alejados de las personas a más de 100 pasos. ¿Os imagináis una situación así? en donde nosotros seamos los leprosos, pero sin embargo si estamos leprosos, en nosotros existe la lepra de la envidia, la lujuria, los malos deseos,  que es la lepra del alma mucho más grave que la lepra del cuerpo. Nuestros protagonistas habrían oído hablar de Jesús y querían encontrarse con Él. Pensaban que Jesús tendría compasión de su enfermedad, de sus vidas solitarias, sin familia, sin casa y sin esperanza. Esto es lo que sucedió: "Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» (Lc 17,14). Jesús limpia tu vida, como limpio la de los diez leprosos, les dice que vayan al sacerdote. "Cómo vamos a ir al sacerdote llenos de lepra, se reirá de nosotros y nos volverá a declarar leprosos". O pensaron: "Si nos manda al sacerdote, será por algo, aunque nosotros seguimos enfermos, Jesús hará algo."

      Ellos se pusieron en marcha, se pusieron en camino hacia el sacerdote, hicieron lo que Jesús les había dicho; le creyeron a Je´sus. Así manifestaron su fe. Jesús sabía bien lo que decía, los leprosos cuando son curados tienen que presentarse ante el sacerdote y él los declara limpios y así pueden volver a incorporarse en la sociedad; a sus familias y trabajos. " Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios." (Lc 17,14). ¡Jesús los sanó! Mientras los leprosos caminaban hacia el sacerdote, sin saber por qué, ellos quedaron limpios. Desaparecían las manchas y los agujeros de la piel y aparecía una piel nueva, con un buen color y un buen olor. Supongo que se mirarían las manos, se tocarían la cara; las orejas, la nariz... ¿Cómo se sentirían?. Sorprendidos, alegres, llenos de vida y... ¿agradecidos?. Eso pasa cuando un creyente le cree a Dios, su vida cambia 180° en tu historia personal. Veamos."Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. " (Lc 17,15-16) Dice la Palabra de Dios que sólo uno de los diez leprosos se volvió a dar las gracias a Jesús. Y cuando eres agradecido se duplica tu gazo en la sanación que Jesus te dá.

      Se volvió tan lleno de alegría que gritaba en voz alta palabras para glorificar a Dios. ¿Qué diría?, ¡Gracias, Dios! ¡Alabado sea nuestro Dios! ¡Gloria a ti Dios Todopoderoso!. Dijo con palabras lo que sentía en su corazón. No se calló. De nuevo vemos que hay que dar testimonio de lo que Dios hace en nosotros. Y luego cayó a los pies de Jesús, reconoció que Jesús era el Hijo de Dios y se lo demostró poniéndose a sus pies. Después"Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.» (Lc 17,17-19). Jesús preguntó por los otros nueve que no volvieron a dar gracias a Dios. ¿Dónde están? ¿Tan pronto se han olvidado de lo que Jesús ha hecho por ellos? , tipico actuar de un creyente que solo busca en Jesús sanidades y bendiciones, pero que no sabe agradecer al Dios de sus Padres que hizo prodigios y maravillas en el.  Posiblemente ya estén pensando en el encuentro con sus familias, en recuperar sus trabajos y su vida sanada y se han olvidado de Aquél que les ha sanado. hermano eres tú de esos  que esperan ser sanados, pero que no saben agradecer. Jesús también nos recuerda que nuestra Fe es muy importante, la fe del leproso fue imprescindible para que Jesús le curara y le salvara. Jesús se sintió triste porque sólo uno de los leprosos le dio las gracias. Jesús también se siente triste cuando tú no le das las gracias. Él nos ha dado tanto, que todos los días tendríamos que estar dándole gracias y, como el leproso, alabándole y bendiciéndole. Él nos ha dado la vida, la capacidad de pensar, de reír, un cuerpo, escuela, libros, amigos, familia...Nuestro protagonista quedó limpio, se volvió a Jesús, le alabó y seguro que le siguió. ¿Quieres ser como él? Jesús quiere sanar tus enfermedades y limpiar tus pecados, pero espera que tú le alabes y le sigas. Pon en marcha tu fe.

 

  Si hermano en cristo Jesús, ¿Y en verdad, dónde estaban los otros nueve? que no agradecieron su sanación, La Biblia no dice que se fueron de fiesta a emborracharse, o a la playa a broncear la nueva piel acompañados de unas amigas, o a pasear por todos los lugares a donde antes no podían ir por el hecho de ser leprosos. No, lo que la Biblia dice es que iban camino al sacerdote, al templo, al lugar de adoración a Dios, a cumplir la orden de Jesús de que fueran para ser examinados. ¿Y eso estaba mal? No, ir al templo estaba bien. Además tenían fe, no eran unos ateos, sino unos creyentes que supieron llegar directamente donde Jesús y pedirle confiados lo que necesitaban. Y fruto de esa fe y obediencia a Jesús fue que recibieron el milagro. Los diez leprosos iban camino al templo con fe, en obediencia a Dios, y los diez fueron sanados. Hasta allí todo va bien. La diferencia entre ellos sólo se puede apreciar después de recibir el milagro, no antes. Después de ser sanados nueve continuaron hacia el templo, para el examen que les debía practicar el sacerdote judío y para cumplir con el  rito de purificación que ordenaba la ley de Moisés, lo cual es bueno. Pero sólo uno de ellos, el samaritano, dejó de conformarse con lo bueno y decidió hacer lo mejor, se salió del libreto religioso y se convirtió en un adorador, por lo cual dio media vuelta y en lugar de seguir hacia el templo, para cumplir con el ritual, fue y se postró a los pies de Jesús. La fe le dio nueva piel, mas la gratitud un nuevo corazón, el de un adorador verdadero. que Dios te bendiga hermano.

Por Hermano Jorge Jimenez A - Publicado en: Los milagros de Jesús
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Hermano Jorge Jimenez Arias

  • Predicador y conferencista cristiano
  • Consejería Espiritual

Textos Biblicos

"La Palabra de Dios es viva y eficas, y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espiritu, las coyunturas y los tuetanos, y discierne los pensamientos y  las intenciones del corazon"

(Hechos 4:12)

 

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan".

(Hebreo 11:6)

 

"Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra"

(2da Timoteo 3: 16-17)

 

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